viernes, 10 de enero de 2020

Η αγάπη μου

Un día estaba en el jardín de mi abuelo. Jugaba y corría de un lado para otro. Ese jardín para mi era un sitio de buen estar. Vi unas flores preciosas. Me llamó la atención lo simples que eran pero al mismo tiempo tan perfectas.. Lo último que recuerdo fue su aroma fresco que hoy me trae recuerdos de la infancia. Después mis piernas empezaron a temblar, mis brazos, todo el cuerpo...estaba sufriendo un ataque que no entendía. Cuando ya me encontraba mejor mi mente fue bombardeada por preguntas a las que no tenía respuesta. Empecé a cuestionarme y ya no pude parar.

Pocos años después conocí a mi primo Miguel. Yo tenía 13 años, él era mayor. Era un joven brillante, un joven poeta e intelectual y yo no pude evitar enamorarme de él.

Por fin alguien podía dar respuesta a todas mis preguntas. Miguel para mi fue una figura importante que me enseñó un nuevo mundo: La poesía. Ahora estaba enamorada de ella también.
Estaba mal visto en aquellos tiempos. Claro, pero, ¿Cómo podía yo reprimir mis sentimientos? ¿Tenía que privarme de sentir amor por miedo a qué pensará la gente? Yo creo que si dos personas comparten tanto y se hacen reír, tienen derecho a estar juntos.

η αλήθεια

Me acuerdo del día que nació mi hermana, Araceli. Mi vida se llenó de alegría. Desde ese momento sentí una fuerza interior que iba creciendo más y más. Desde el primer momento supe que íbamos a llevarnos muy bien, que íbamos a ser mejores amigas para siempre.

Así fue. Araceli siempre fue mi mejor amiga con la que podía compartir libremente mis ideas y ella conmigo también. El mejor momento del día era y sigue siendo el atardecer cuando la luz del sol entra por la ventana e ilumina toda la habitación, mientras Araceli y yo compartimos historias y vemos cómo juegan nuestros gatos. ¡Qué graciosos son!

Admiro la honestidad emocional de los gatos. Sus sentimientos son siempre sinceros. Los humanos, en cambio, tienden a ocultar sus sentimientos. Los humanos tienden a engañarse a sí mismos callando su sentido de la razón porque no se corresponde con las creencias de la sociedad.


Los hombres no son capaces de ver la verdad. Se niegan a escuchar su voz interior y creen sólo en la información que les viene de fuera, de la sociedad. Quizá por miedo. Se trata de una sociedad que no comprende que la verdad habita dentro del hombre. Se esconden dentro de sí mismos y no se atreven a confesarse. Se trata de una sociedad ignorante y exigente, cuando lo más bello de este mundo es tan simple como un limonero y un río tranquilo...


τι είμαι

Siempre admiré a Ortega y Gasset, incluso lo sigo haciendo ahora cuando ya no está, pero me hizo mucho daño en su momento. En ese momento, cuando publiqué "Hacia un saber sobre el alma", sentí como si una bala hubiese atravesado mi alma en un alarde de superioridad. En ese momento me sentí irremediablemente traicionada por mi maestro, así como el niño lloroso tras un grito de reprimenda. Sus palabras, pesadas como el acero, me hirieron de gravedad, pues me acusó, impertérrito, de haber intentado, o logrado, superarle. ¿Cómo, si todos mis escritos partían de sus enseñanzas? ¿Cómo, si solo dije lo que pensaba? ¿Significaba aquello que estaba preparada? Nunca lo supe. Lo único que sé es, que en ese momento, empecé a andar intelectualmente sola.

Y andando sola llegué a Alfonso y, con él, a Cuba hasta que volvimos a España a defender aquella libertad arrebatada por la violencia, siempre, en mi no tan humilde opinión, injustificada. Y al perder la guerra marché, en un lluvioso mes de Enero, junto a hombres y mujeres (y a Machado) la frontera a Francia bajo un ambiente de inaplacable duelo por la España perdida.

El exilio me dió libertad de pensar, así como Picasso voló libre fuera de España. Y gracias al fuego ardiente de la esperanza que me descubrió Ortega, resistí en ese angustioso destierro. Sin él mi vida no sería vida, así como el alba no se concibe sin la noche, yo no concibo mi vida sin exilio.

Equiparo el alba a mi vida, porque son equiparables. Reflexiono sobre la luna, como reflexiono sobre la vida. La luz del alba tiene en su interior oscuridad, asimismo, la luz de la vida también.

Μακριά από την πατρίδα μου



Ahora que la guerra ha terminado entre silencio y exilio, elijo exilio. Elijo marcharme de mi querido  país, aún sabiendo el dolor que ello me causará. Que sea lo que Dios quiera.
Aun recuerdo los viajes que hacia en los brazos de mi padre cuando nos mudamos a Segovia.  Al igual que aquella vez, ese viaje fue involuntario, esa separación  dolorosa de la comunidad propia que tienen en común las emigraciones y los exilios.
Mi madre, Araceli y mi hermana junto a su esposo, entre otros,me acompañan en este viaje.
El coche negro que nos recoge es el mismo que ha trasladado a Azaña días antes. El que era mi presidente se refugiaría en la Embajada española en París.


A punto de entrar en Francia, veo los miles y miles de perdedores que tratan de ponerse a salvo junto a sus familias. Entre tantas caras extrañas y asustadas, veo un rostro conocido: Mi querido Antonio Machado. Marcha junto a su madre con aspecto derrotado aunque con ánimo firme. Al rogarle que suba a mi coche para huir a mi lado, se niega. "Mi lugar esta con el pueblo".
Muchas veces he recordado este momento al hablar de él en las universidades de México, Puerto Rico y Cuba: Antonio fue y será un referente en lo que significa amar a tu tierra. Ahora entiendo sus palabras al afirmar que le dolía España.
Me pregunto qué somos ahora. Siento que somos diferentes, ciudadanos de ningún país, exiliados, refugiados, desterrados, perseguidos, vilipendiados... CULPABLES.
Montones de pensamientos contradictorios se agolpan en mi mente tratando de averiguar la razón de este trágico viaje. ¿Qué hicimos mal? ¿En qué nos equivocamos? ¿Fue consciente el pueblo de la oportunidad que se le brindaba ? Por primera vez en nuestra historia parecía real la igualdad ante la ley, la justicia social, el acceso a la educación, incluso el reconocimiento de los derechos de la mujer... ¡Nos dejaron votar por primera vez! ¡Avanzábamos en la historia!
Parece un sueño del que nos hemos despertado, y la realidad es muy amarga. ¿Cuándo tendremos otra ocasión? 




Είμαστε πολύ περισσότεροι

Siempre he tendido a ver similitudes entre la mujer y la mística, la noche, la luna, el alma... Todas ellas en singular. Me gusta relacionar esas ideas abstractas con lo que significa o se supone que significa ser mujer. Aunque tras muchas horas, encerrada en la penumbra de mi mente, una cuestión aparece como si tratara de revelarme algo: ¿Qué espera la sociedad de las mujeres?

En mis tiempos pocas de nosotras tuvimos la posibilidad de acceder a la universidad y las que fuimos siempre nos veíamos claramente diferenciadas del género contrario. La concepción que tenia la gente de nosotras era muy marcada y cerrada: Una mujer vivía por y para su marido, por y para sus hijos y por y para su casa, nada más.

En mis textos siempre he tratado de devolver ese protagonismo robado a las mujeres en muchas ocasiones. Como filósofa, siempre me he sentido muy sola al ser consciente de que somos un muy reducido grupo en una inmensa masa de hombres filósofos.

¨Pienso que además de para dar vida, la mujer sirve para sentirse en la vida¨. Es por ello que reclamo la participación de la mujer ,  tanto en el ámbito social y político, como en el cultural. Pienso que nuestra sociedad debe estar conformada por el espíritu de la burguesía y la fuerza obrera, tanto masculina como femenina. Por ello también critico a aquellas mujeres que piensan que tienen que cargar con todo el peso a sus espaldas, trabajando desde el alba hasta la oscuridad sin descanso alguno, al igual que condeno la esclavitud sexual a la que muchas se ven forzadas .

Pienso que todo es complementario . No se trata de emular, ni de superar, ni de sustituir... La mujer va más allá de como el hombre la idealiza. No podemos permitir que nos reduzcan a eso. Somos mucho más... Somos mujeres y, eso jamás nos lo quitarán.

"Mientras el hombre prevé, la mujer presiente" María Zambrano

Αρκετά




Resultado de imagen de paz
El hombre vive engañado. Engañado, 
al pensar que vive libre. Engañado, 
al creer que respeta. Engañado, con 
el simple pensamiento de que vive en paz.


La paz es la ausencia de guerra pero no puede ser solo eso. Debe ser algo más... Un suspiro de alivio, un corazón en armonía, un niño riendo; pero, también, es un sueño irreal.

El hombre se encuentra en una terrible situación de 
no guerra, evitando la misma no por ser su modo de vida 
sino al sentir terror ante la implacable destrucción propia que 
conlleva. Entonces, pues, el hombre al depositar su voto en
la urna de oportunidades de la democracia, se entrega a 
evitar la guerra sin buscar la paz; engañado, una vez más, 
por sí mismo así como el niño con su amigo imaginario.

"Borrador de Los peligros de la Paz" 1991 María Zambrano