Ahora que la guerra ha terminado entre silencio y exilio, elijo exilio. Elijo marcharme de mi querido país, aún sabiendo el dolor que ello me causará. Que sea lo que Dios quiera.
Aun recuerdo los viajes que hacia en los brazos de mi padre cuando nos mudamos a Segovia. Al igual que aquella vez, ese viaje fue involuntario, esa separación dolorosa de la comunidad propia que tienen en común las emigraciones y los exilios.
Aun recuerdo los viajes que hacia en los brazos de mi padre cuando nos mudamos a Segovia. Al igual que aquella vez, ese viaje fue involuntario, esa separación dolorosa de la comunidad propia que tienen en común las emigraciones y los exilios.
Mi madre, Araceli y mi hermana junto a su esposo, entre otros,me acompañan en este viaje.
El coche negro que nos recoge es el mismo que ha trasladado a Azaña días antes. El que era mi presidente se refugiaría en la Embajada española en París.
A punto de entrar en Francia, veo los miles y miles de perdedores que tratan de ponerse a salvo junto a sus familias. Entre tantas caras extrañas y asustadas, veo un rostro conocido: Mi querido Antonio Machado. Marcha junto a su madre con aspecto derrotado aunque con ánimo firme. Al rogarle que suba a mi coche para huir a mi lado, se niega. "Mi lugar esta con el pueblo".
Muchas veces he recordado este momento al hablar de él en las universidades de México, Puerto Rico y Cuba: Antonio fue y será un referente en lo que significa amar a tu tierra. Ahora entiendo sus palabras al afirmar que le dolía España.
Me pregunto qué somos ahora. Siento que somos diferentes, ciudadanos de ningún país, exiliados, refugiados, desterrados, perseguidos, vilipendiados... CULPABLES.
Montones de pensamientos contradictorios se agolpan en mi mente tratando de averiguar la razón de este trágico viaje. ¿Qué hicimos mal? ¿En qué nos equivocamos? ¿Fue consciente el pueblo de la oportunidad que se le brindaba ? Por primera vez en nuestra historia parecía real la igualdad ante la ley, la justicia social, el acceso a la educación, incluso el reconocimiento de los derechos de la mujer... ¡Nos dejaron votar por primera vez! ¡Avanzábamos en la historia!
Parece un sueño del que nos hemos despertado, y la realidad es muy amarga. ¿Cuándo tendremos otra ocasión?

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