Así fue. Araceli siempre fue mi mejor amiga con la que podía compartir libremente mis ideas y ella conmigo también. El mejor momento del día era y sigue siendo el atardecer cuando la luz del sol entra por la ventana e ilumina toda la habitación, mientras Araceli y yo compartimos historias y vemos cómo juegan nuestros gatos. ¡Qué graciosos son!
Admiro la honestidad emocional de los gatos. Sus sentimientos son siempre sinceros. Los humanos, en cambio, tienden a ocultar sus sentimientos. Los humanos tienden a engañarse a sí mismos callando su sentido de la razón porque no se corresponde con las creencias de la sociedad.
Los hombres no son capaces de ver la verdad. Se niegan a escuchar su voz interior y creen sólo en la información que les viene de fuera, de la sociedad. Quizá por miedo. Se trata de una sociedad que no comprende que la verdad habita dentro del hombre. Se esconden dentro de sí mismos y no se atreven a confesarse. Se trata de una sociedad ignorante y exigente, cuando lo más bello de este mundo es tan simple como un limonero y un río tranquilo...
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